
La Comunidad Científica Médica, esto es, la que lleva a cabo investigación sobre productos que pueden ayudar a curar afecciones o enfermedades o a prevenirlas, se extiende por todo el mundo sobre todo el occidental, tratando de conseguir más que su objetivo descrito anteriormente, una estabilidad en el empleo de sus investigadores. De ahí que el 99% de los que se dedican a ésta necesaria actividad, sean “funcionarios” que viven y trabajan en y de ello, sin que sin embargo a lo largo de su vida descubran nada.
El terreno de ésta Ciencia, ya establecido como un negocio más, lleva años sin que se abone con algún descubrimiento importante que mejore la calidad de vida de los pacientes que sufren enfermedades. Tenemos por no extendernos mucho, el ejemplo del Cáncer y del SIDA. Millones de millones de dólares y euros y años y años y los resultados desgraciadamente son escasísimos. Habrá que esperar a los desarrollos basados en la farmacogenómica.
Así las cosas, existen algunas Universidades en Estados Unidos, lugar donde por cierto mayores éxitos se han cosechado en investigación en los últimos cincuenta años, que no alcanzan grado alguno científico, pero que tienen que vivir del tema. Y suelen dedicarse a investigar lo que sea o a la contrainvestigación, esto es a desmontar lo que otros hayan podido encontrar. Todo vale si de “grants” (becas) de investigación, se trata de conseguir.
Recientemente una Universidad desconocida, la de Madison en Wisconsin, ha publicado un artículo sobre los efectos de la Equinácea sobre los catarros, resfriados, etc. Ello en base a que los “estudios realizados, según los autores, habían sido financiados por las empresas fabricantes, dando resultados demasiado positivos”
Cuando uno lee esto, cree que estamos en el limbo, como si la investigación cientifico-medica mundial fuera financiada por alguna galaxia externa a nuestro planeta, libre de la contaminación de la omnipresente y poderosa Industria Farmacéutica.
El material y métodos utilizado en el trabajo publicado en Annals of Internal Medicine (otro tema del que hablaremos) como siempre, cuando se trata de trabajos al menos de dietética, son escasos, mal aplicados y aquí realizados, en un abanico de edades absurdo (entre los 12 y los 80 años).
Para no hacer largo este asunto viene a decir sobre la utilidad de la Equinácea que “su formulación no tuvo un efecto importante en el curso del catarro común”.
Conocido es que el efecto de la Equinácea es mayor cuando las defensas del sujeto son menores (por ejemplo en los más ancianos) debido a que dicha hierba actúa en los procesos catarrales e infecciosos "mediante el aumento de la respuesta inmune”, hecho que no podría ser apreciado en el caso de pacientes con unas defensas dentro del rango fisiológico.
Los propios autores, al final, resumen que "la tendencia con el tratamiento con Equinácea, va hacia el beneficio, con una reducción de medio día en la duración de un constipado o, aproximadamente, un descenso del 10% en su gravedad". O sea incluso más positivo que con el 90% de los medicamentos habituales y sin los efectos secundarios y contraindicaciones, de éstos.
Resumiendo que el uso de la “Equinácea” desde hace mucho tiempo, se conoce y esta demostrado mas allá del interés de los fabricantes, que sí es un buen co-tratamiento del resfriado y catarro comunes.
Para ese viaje no necesitábamos alforjas.