
Es un tema recurrente, cada 2-3 años, vuelven a aparecer nuevas informaciones científicas acerca de las propiedades de la leptina. El equipo del doctor Friedman en 1994, identificó la leptina, sustancia conocida como “hormona del hambre”, o proteína OB, que es una hormona producida en su mayoría por los adipocitos o células grasas aunque también se produce en hipotálamo, ovario y placenta.
Se compone de 167 aminoácidos resultantes de la acción de los adipocitos. La leptina producida por nuestro organismo, inutiliza la sensación de hambre generada por el cerebro, pero en adultos no se puede utilizar debido a que el organismo desarrolla una resistencia frente a ella haciendo inútil su efecto. Este efecto no es así cuando se trata de niños.
Tomar este tipo de alimento en la infancia podría propiciar que estos niños fueran delgados cuando alcanzaran la edad adulta y a lo largo de toda su vida. Los estudios se encuentran basados en las pruebas realizadas con ratones a los que se les suministraron alimentos con la hormona en cuestión cuando éstos eran todavía pequeños y se encontraban en el útero materno.
Su descubridor propuso que ése podría ser el factor en cuestión que permitiría mantener un peso estable a lo largo de la vida. Cuando un individuo pierde peso, la grasa corporal dejaría de formar leptina y el organismo pondría en marcha mecanismos para que la persona volviera a comer hasta recuperar el peso normal. Y viceversa, cuando una persona aumentara de peso se produciría más leptina y entonces cesaría la ingestión de alimentos hasta recuperar el equilibrio previo.
Que la lactancia materna protege contra la obesidad en la edad adulta por causa de la leptina es ya conocido en el mundo científico. Ahora investigadores españoles y del Reino Unido plantean además de hacer hincapié de la bondad de amamantar, la posiblidad de añadir ésta sustancia a los potitos y leches.
Hablamos de un mercado potencial de 15.000 millones de euros en Europa pero que hasta que no se efectúe un estudio clínico con bebés, no se podrá conocer con evidencia científica si efectivamente añadir leptina puede permitir el control de peso en el adulto: un ensayo clínico con bebés que aún está por hacerse, confirmará o no ésta por ahora teoría.
Está claro que si se toma leptina al mamar, el organismo del bebé queda reprogramado para protegerse de la obesidad y sus efectos patológicos en la vida adulta.
Los estudios se iniciaron en ratones y su validez se ha podido extrapolar a los humanos, aunque por un criterio indirecto: las mujeres difieren mucho en el contenido natural de leptina en su leche materna, y esas diferencias están directamente correlacionadas con el riesgo de obesidad en sus hijos.
El estudio en bebés, deberá plantearse de forma que reciban los varios tipos de alimentación relevantes: natural y artificial, con y sin leptina. Un estudio que requerirá de al menos cuatro años, edad en la que ya se pueden conocer los primeros signos de sobrepeso
Pero no todo es positivo porque la leptina es conocida en nutrición por su mala fama ya que se tenía idea de que era producida exclusivamente por el tejido adiposo y que su función era comunicar al cerebro que ya existían reservas suficientes de grasa corporal, mandándose una señal para que se redujera el apetito
Pero éstos resultados no se obtuvieron en los ensayos clínicos donde quedó patente que administrando leptina a pacientes obesos voluntarios no equivalía a que adelgazaran.
El estómago humano también produce la proteína, pero mientras que las proteínas ingeridas suelen destruirse en la digestión, la leptina podía absorberse intacta por el estómago del bebé. El estómago está conectado mediante redes nerviosas y sistemas hormonales con los centros cerebrales que controlan el peso corporal, pero su efecto sobre el cerebro no es directo sino indirecto a través de su reprogramación cuando se es adulto. Y es cuando entra en acción un conocido pero poco utilizado mecanismo genético llamado imprinting.
Los seres humanos tenemos por un lado lo que heredamos de nuestros antepasados (la almohadilla) y por otro lado lo que adquirimos cuando ya estamos vivos (el sello o imprinting)
Este es un fenómeno genético comprendido a medias, pero que sin duda llegaremos a dominar. Se trata de genes, o grupos de genes, que resultan inactivados de manera estable a lo largo de las divisiones celulares. No son mutaciones -cambios en la secuencia de letras del ADN como por ejemplo: tcctgaag...-, sino alteraciones que se producen por encima de nuestros genes, epigenéticas (debidas a otras cosas a que se pegan encima de los genes), entre ellas unas proteínas llamadas histonas y los más simples radicales de la química orgánica, como el metilo (-CH3).
Si llegamos a desarrollar leches para lactantes con suplemento de leptina, hablamos de unas posibilidades enromes, desde el punto de vista comercial. Y además podremos mejorar la alimentación de las madres para que produzcan más y mejor leptina.
El tejido adiposo es clave en el almacenamiento de energía. Por tanto, los cambios en el receptor de la leptina en el tejido adiposo pueden ser de gran importancia en el desarrollo de la obesidad y los trastornos metabólicos relacionados.
De forma que la “reprogramación” de la leptina administrada durante la lactancia puede mejorar la capacidad para controlar el peso corporal del adulto, y evitar las alteraciones metabólicas asociadas a una dieta rica en grasas, y otros problemas nutricionales.