
Eso era Santi Santamaría, todo lo que tenía de grande lo tenía de excelente cocinero.
A pesar de sus TRES estrellas Michelín, no se dejó deslumbrar por la Nueva Cocina o “Teatro”, como algunos llaman a este movimiento de incorporación a los fogones de nuevas técnicas con componentes sacados de “laboratorios” y la proliferación de técnicas y aditivos industriales.
Santamaría, que por supuesto evolucionó la cocina, mantuvo sin embargo un respeto a la cocina más tradicional y fue de los pocos que más clamó porque no se abandonara la cocina tradicional de nuestras “abuelas”.
En los últimos 20 años, se ha conseguido que las cocinas regionales se expusieran no solo a los españoles sino a todo el mundo, llegando incluso a exportar algunos de nuestros mejores platos. Aunque lo de exportar es una asignatura pendiente, porque desgraciadamente los españoles éste asunto del marketing, no lo hacemos bien.
España, sin duda es una de los países (si no el número 1) con mayor y más variada riqueza gastronómica en el mundo. Las diferencias regionales, dentro de la exquisitez de muchos de sus platos, nos sitúan muy por delante de países como Francia o Italia. Aquí manejamos el pescado o la carne, las sopas o los potes, las verduras o los arroces, las legumbres o los huevos, la fruta o los dulces, de forma magistral, ofreciendo no sólo calidad y variedad, sino lo que es más importante, capacidad nutricional.
Toda ésa “artillería” se debe a nuestra cocina casera, la de nuestros mayores, la de nuestras madres y abuelas. La incorporación casi plena de la mujer al trabajo, está haciendo que ésta faceta tan importante de la sociedad, la del mantenimiento de nuestra cocina, se pierda. Y eso no lo debemos consentir. Que cocineros o cocineras de renombre, luchen por mantener nuestras recetas, sirve, pero de poco. Si queremos que nuestro país sea un gigante de la cocina debemos hacer algo más.
Mantener como hacía Santamaría, el fuego de ésa cocina tradicional, entrañable y excelente, es muy importante, pero más sería que nuestro/as jóvenes, se interesaran por ello. Que cocinaran aunque fuera los fines de semana. Recurrir a la comida rápida de forma exclusiva es acabar con nuestras tradiciones y de paso arrojarnos a una alimentación desastrosa, con el consiguiente desmantelamiento de nuestra capacidad agroalimentaria.
Las autoridades y las empresas tanto de alimentación como de restauración, deberían ya interesarse en “rearmar” la cocina tradicional porque si tiene algún interés eso de las “estrellas Michelín” desde luego lo que si es importante y crucial es mantener, recuperar y evolucionar seriamente nuestros hábitos nutricionales, compatibilizándolos con nuestro trabajo e incorporando hábitos realmente saludables donde el ejercicio físico este omnipresente.
Menos Dietas Mediterráneas, que mas parecen anuncios del aceite de oliva, que lo que en todo caso podrían significar la cocina de los españoles, de todas nuestras regiones, mediterráneas, cantábricas o de nuestro valles o montañas.
Hagamos honor al esfuerzo y buen cocinar de Santi Santamaría.