Aparato, Órgano o Sistema: Sistema Piel y Faneras
Enfermedad: Arrugas en la Piel
Las arrugas se forman cuando la piel pierde su elasticidad. Mientras la piel sea elástica, cualquier arruga o pliegue desaparece tan pronto como la persona deja de hacer la expresión que lo originó. Sin embargo, la piel que ha perdido elasticidad retiene las líneas que se forman por ejemplo al reír o al fruncir el ceño, incluso después de adoptar una expresión más natural. Con el tiempo, esas líneas se vuelven profundas y se convierten en arrugas.
Un resultado inevitable del envejecimiento es la formación de cierta cantidad de arrugas; no importa lo que hagamos para evitarlas, si vivimos lo suficiente nuestra piel se arrugará. Las primeras arrugas suelen aparecer en el delicado tejido que rodea a los ojos (las llamadas “patas de gallo”). Las áreas que se afectan a continuación son las mejillas y los labios. A medida que envejecemos, nuestra piel se va adelgazando y secando, lo cual favorece la aparición de las arrugas. Sin embargo, hay otros factores que determinan tanto la rapidez cono la extensión de las arrugas, entre ellos la dieta y la nutrición, el tono muscular, la expresión facial habitual, el estrés, el cuidado adecuado (o inadecuado) de la piel, la exposición a contaminantes ambientales, y los hábitos de vida (por ejemplo, fumar). Es probable que la herencia también intervenga en este problema.
El factor más importante de todos es la exposición al sol. Exponerse al sol no sólo reseca la piel sino que conduce a la producción de radicales libres que dañan las células cutáneas. El sol es el peor enemigo de nuestra piel. Se calcula que el 90 por ciento de lo que consideramos señales de envejecimiento son, en realidad, signos de que nos hemos expuesto demasiado al sol. Exponerse al sol en exceso no significa necesariamente asolearse o broncearse intencionalmente, alrededor del 70 por ciento del daño cutáneo causado por el sol se produce durante actividades cotidianas como conducir automóvil y caminar hacia y desde el automóvil. Los rayos ultravioleta-A (UVA), responsables del daño de la piel, están presentes durante todo el día y en todas direcciones. Peor aún, aunque los efectos del sol no se manifiesten durante muchos años, son acumulativos.