Enciclopedia y Guía Familiar de Alimentación, Nutrición y Dietética

Enfermedades

 

Campos Específicos

Aparato, Órgano o Sistema: Aparato Génito Urinario

Enfermedad: Cálculos de riñón

Descripción

Los cálculos renales son acumulaciones anormales de sales minerales que se alojan en cualquier lugar del tracto urinario. La orina humana se satura en algunas ocasiones de ácido úrico, fosfatos y oxalato de calcio. Sin embargo, gracias a la secreción de diversos compuestos protectores y a los mecanismos naturales que tiene el organismo para controlar el pH de la orina, esas sustancias permanecen suspendidas en solución. Pero cuando los compuestos protectores están sobrecargados o la inmunidad está baja, las sustancias se pueden cristalizar y los cristales empiezan a aglomerarse, lo que eventualmente lleva a la formación de piedras suficientemente grandes como para obstruir el flujo de la orina. Entre los síntomas de los cálculos renales están dolor que irradia de la parte superior de la espalda hacia la parte baja del abdomen y la ingle, micción frecuente, orina con pus y sangre, falta de producción de orina y, a veces, fiebre y escalofrío. En casos leves, los síntomas se parecen a los del flujo estomacal y otras afecciones gastrointestinales.

Los cálculos pueden ser partículas microscópicas o pueden tener el tamaño de una uña. Hay cuatro clases de cálculos renales: cálculos de calcio (compuestos de oxalato de calcio), cálculos de ácido úrico, cálculos de estruvite (compuestos de fosfato de magnesio y amonio) y cálculos de cistina.

Alrededor del 80 por ciento de todos los cálculos son de calcio. Altos niveles de calcio en la sangre conducen a la hipercalciuria, es decir, a la absorción excesiva de calcio del intestino, lo cual aumenta la excreción de calcio en la orina. Ese exceso de calcio eventualmente forma un cálculo. Altos niveles de calcio en la sangre también puede deberse a mal funcionamiento de las glándulas paratiroideas (pequeñas glándulas localizadas en el cuello, que regulan el nivel sanguíneo del calcio), a intoxicación por vitamina D y a mieloma múltiple. 

El consumo de carbohidratos refinados, especialmente azúcar, puede precipitar la formación de cálculos renales porque el azúcar estimula el páncreas para que libere insulina, lo que a su vez hace que el calcio adicional se elimine en la orina. Otro factor que contribuye a la formación de cálculos renales es la deshidratación crónica o recurrente. Al concentrarse la corina, aumenta la probabilidad de que se formen cálculos.

Los cálculos de ácido úrico se forman cuando el volumen de la orina expulsada es demasiado bajo y/ø el nivel de ácido úrico de la sangre es anormalmente alto. Esta última condición se relaciona frecuentemente con los síntomas de la gota. A diferencia de otras clases de cálculos renales, los de estruvite no tienen relación alguna con el metabolismo. Estos cálculos son producidos por infecciones. Las mujeres los presentan con frecuencia junto con infecciones recurrentes del tracto urinario. Los cálculos de cistina son producidos por una enfermedad poco común llamada cistinuria, un defecto congénito que propicia la formación de cálculos del aminoácido cistina en el riñón o en la vejiga.

Los cálculos de calcio son frecuentes en algunas familias porque la tendencia a absorber demasiado calcio es hereditario. Además, entre la gente con antecedentes familiares de cálculos renales parece haber una correlación mas fuerte de lo normal entre la absorción de vitamina C. u ácido oxálico, por una parte, y la excreción de oxalato en la orina, por otra parte. Al parecer, esas personas o bien absorben mas oxalato de su dieta, o bien metabolizan mayores cantidades de precursores del oxalato. Los individuos con enfermedad de Crohn o síndrome de intestino irritable, o aquellos cuya dieta es alta en ácido oxálico, tienen mas probabilidades de sufrir de cálculos renales porque su condición puede hacer que aumente la excreción de oxalato en la orina, Otros factores de riesgo para los cálculos renales son bajo volumen de orina, pH corporal bajo y producción reducida de inhibidores naturales de la formación de cristales.

En la actualidad, los cálculos renales con diez veces mas frecuentes que al comienzo del siglo XX. A pesar de que el consumo de alimentos ricos en ácido oxálico (especialmente huevos, pescado y algunos vegetales) ha disminuido notablemente en este país durante ese periodo, la cantidad de grasas y proteínas de origen animal de la dieta estadounidense promedio ha aumentado significativamente. La proporción entre la proteína vegetal y la proteína animal en la dieta corriente de principios de siglo era de uno a uno. Hoy en día esa proporción es de uno a dos. Existe una relación muy fuerte entre el consumo de proteína de origen animal y la absorción de oxalato.

Los cálculos renales afectan a aproximadamente uno de cada mil personas. Son muy poco comunes entre los niños y la gente afroamericana, y se presentan más que todo en hombres de raza blanca de treinta a cincuenta años. Son más comunes en zonas de clima cálido, que favorece la deshidratación, por lo que los hábitos dietéticos podrían ser la causa. Se calcula que el 10 por ciento de los hombres y el 3 por ciento de las mujeres, presentan cálculos renales en algún momento de su vida.

Recomendaciones

  • Para aliviar rápidamente el dolor, tómese cada media hora el jugo de medio limón en agua. Haga esto hasta que el dolor ceda. Puede alternar entre zumo de limón y zumo de manzana fresca.
  • Para que los riñones se mantengan funcionando correctamente, beba todos los días mucha agua (por lo menos tres litros de agua de buena calidad). La medida más importante que se puede tomar para evitar la formación de cálculos renales es aumentar el consumo de agua. El agua diluye la orina y previene la concentración anormal de minerales y sales que producen cálculos. Otra media eficaz es tomar zumo de arándanos sin dulce para acidificar la orina (a menos que usted sea propenso a los cálculos de ácido úrico). Tomar al despertarse un vaso de agua caliente con el zumo de un limón fresco ayuda a prevenir la formación de cálculos.
  • Aumente el consumo de alimentos ricos en vitamina A. Esta vitamina es provechosa para el tracto urinario y evita que se formen cálculos. Buenas fuentes de vitamina A son alfalfa, albaricoque, melón, zanahoria, calabaza y batata.
  • Utilice solamente agua destilada para beber y cocinar. Al agua de beber añádale gotas de microminerales.
  • Minimice su consumo de proteína de origen animal o elimínela totalmente de su dieta. Las dietas ricas en esta clase de proteína promueven la eliminación del calcio, lo cual produce cantidades excesivas de calcio, fósforo y ácido úrico en los riñones. Esto da por resultado dolorosos cálculos renales.
  • Limite su ingesta de calcio y evite los productos lácteos. Evite también los compuestos de aluminio y los álcalis, como los que se encuentran en los antiácidos. Consumir leche y antiácidos produce cálculos renales en las persones susceptibles.
  • Disminuya el consumo de potasio y fosfatos. No utilice sal ni coluro de potasio, un sustitutivo de la sal, y evite las bebidas carbonatadas.
  • Evite los alimentos que contienen ácido oxálico o que estimulan su producción, entre ellos espárragos, remolacha, hojas de remolacha, huevos, pescado, perejil, ruibarbo, espinaca, y verduras de la familia del repollo. También debe evitar el alcohol, la cafeína, el chocolate, la cocoa, los higos secos, las nueces, la pimienta,  las semillas de amapola y el té negro.
  • Evite por completo el azúcar refinada y los productos que contienen esta clase de azúcar. El azúcar estimula el páncreas para que libere insulina, lo que hace que el calcio adicional sea expulsado en la orina.
  • Permanezca activo. El torrente sanguíneo de las personas sedentarias tiende a acumular altos niveles de calcio. El ejercicio ayuda a que el calcio pase de la sangre a los huesos, que es donde debe estar.
  • Si usted tiene antecedentes de cálculos de cistina, evite el aminoácido L-cistina. Si debe tomar algún suplemento con este aminoácido, tome al mismo tiempo por lo menos el triple de vitamina C. De no hacerlo, la cistina podría cristalizarse y formar grandes cálculos que llenarían el interior de los riñones.
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