Aparato, Órgano o Sistema: Sistema Inmunológico y Sangre
Enfermedad: Alergenos e Intolerancia a la Lactosa
No es lo mismo, tener alergia a la leche, que tener intolerancia a la lactosa, el azúcar que contiene la leche.
La alergia a la leche es una reacción del sistema inmunitario a las proteínas presentes en la leche de vaca y sus derivados. Esa respuesta puede afectar al aparato digestivo, a la piel, las vías respiratorias o cualquier otra parte del organismo.
La intolerancia a la lactosa es una afectación de la mucosa intestinal que incapacita al cuerpo para digerir la lactosa, que es el azúcar de la leche. Este trastorno afecta sólo a la digestión y se debe a la falta de enzima lactasa en el organismo, lo que impide la correcta absorción de la lactosa. Esto provoca acumulación de gases en el intestino, que se puede traducir en dolor abdominal y dolor de estómago, y puede provocar diarreas y vómitos.
Conozca las dos afecciones y sus soluciones
No piensen que son casos aislados, porque un 3% de los adultos y un 8% de los niños presentan signos más o menos importantes de alergias. Es un problema cada vez más frecuente.
Las alergias originan a menudo una alteración de la calidad de la vida, ya que los regímenes de exclusión suelen ser muy duros obligando a los afectados a ser muy cuidadosos sobre:
• la composición de los alimentos comprados,
• sobre las posibles contaminaciones cruzadas y
• sobre la presencia de alérgenos ocultos en otros alimentos que contienen productos lácteos, por ejemplo en ciertas charcuterías.
Estos agentes alérgenos se incorporan luego como ingredientes y su presencia no será reconocida, ni sospechada en nuestro organismo. Por ello es muy importante la necesidad de la información en el etiquetado, su lectura y el intercambio o consulta oral en el momento de la venta.
Es una sustancia, una partícula, un cuerpo orgánico (átomo, molécula, proteína) capaz de provocar una reacción alérgica en un sujeto previamente sensibilizado cuando entra de nuevo en contacto (por la piel y / o mucosas por inhalación, ingestión…) con el.
En cuanto nuestro organismo encuentre un elemento extraño, intenta liberarse de él. En la mayoría de nosotros, la eliminación de los intrusos se produce sin consecuencia notable. Pero en algunas personas, se produce una reacción excesiva, es la alergia o hipersensibilidad que se define "como una reacción anormal, inadaptada, exagerada y excesiva de nuestro sistema inmunitario…"
Síntomas
Los síntomas de las alergias alimentarias pueden ser:
cutáneos,
pulmonares,
oculares,
otorinolaringológicos,
digestivos,
hematológicos
la crisis de urticaria es espectacular y poco grave, traduciéndose por placas de edema de la piel, a menudo tras el consumo de pescados poco fresco y rico en histamina (atún, raya, caballa…).
Pero, a veces, una reacción grave y brutal, e incluso mortal se produce, es el choque anafiláctico. La manifestación más grave es el edema de Quincke que se traduce por vértigos, síncopes, pérdidas de conocimiento, ganas de vomitar, hinchazón de los labios y, sobre todo, por un edema (o hinchazón) de la garganta que provoca una asfixia a veces mortal. Felizmente, estas manifestaciones son raras.
Al lado, encontramos toda una gama de reacciones intermediarias y locales como simples náuseas, calambres abdominales, gases, vómitos y diarreas.

El sistema inmunológico generalmente protege al cuerpo de las proteínas extrañas dañinas, generando una reacción para eliminarlas. La alergia se da esencialmente cuando el "sistema inmunológico no funciona bien", y percibe una sustancia normalmente inocua como si fuera una amenaza - un alérgeno -, y lo ataca con las defensas inmunológicas del cuerpo. Cuando hay una reacción alérgica real, el cuerpo produce anticuerpos (una proteína que específicamente se une a otra proteína llamada antígeno - en este caso el alérgeno - para neutralizarla y eliminarla del cuerpo).
Los anticuerpos conocidos como inmunoglobulina E (IgE) reaccionan ante los alérgenos, y esto a su vez produce una reacción en los mastocitos (células de los tejidos) y los basófilos (un tipo de célula de la sangre). Los mastocitos se encuentran en la superficie de la piel y en las membranas mucosas de la nariz, del aparato respiratorio, los ojos y el intestino. Los mastocitos segregan una sustancia denominada histamina y otras, como leucotrienos y prostaglandinas, que provocan síntomas alérgicos.

El choque anafiláctico es una urgencia vital. El único tratamiento se basa en inyecciones de adrenalina y a veces de corticoides.
Para los Comedores escolares, es importante hablar con los padres sobre las posibles alergias de sus hijos. El conocimiento de la alergia en el niño es a menudo minimizado ya que casi siempre los padres tienen miedo de la exclusión de su hijo del comedor. Es importante que ustedes, responsables, tengan una actitud de comprensión y no de exclusión, lo cual evitará encontrarse ante un niño en pleno choque anafiláctico gravísimo y, por consiguiente, del que se ignora la sensibilidad.
Durante ciertas alergias extremas, la preparación de las comidas por los padres es la mejor solución. Si así no fuera posible:
• el conocimiento de las alergias potenciales de los niños,
• la composición de los ingredientes de las preparaciones y
• la información a los padres para que proporcionen una comida o que les sirvan otro plato es la solución más solidaria y humana.

Los niños y los adultos reaccionan diferentemente.
En el niño:
• Los huevos representan un 34%
• Los cacahuetes, solos o en mantequilla: un 25% ;
• La leche de vaca: un 9%,
• El pescado: un 5%,
• El grupo de frutas frescas y frutos secos: un 3%
• Y los crustáceos: un 2%…
Es importante comprender que sólo cinco alimentos son responsables del 75 % de las alergias alimentarias de los niños.
Para el adulto:
• Las frutas del grupo Latex representan un 14% principalmente los aguacates, plátanos, castañas, kiwis…
• Las frutas de la familia de las Rosáceas: un 13% de los casos como los albaricoques, melocotones, peras, manzanas, ciruelas…
• Las legumbres de la familia de las Umbelíferas: un 9,5% de los casos, se trata del eneldo, la zanahoria, el apio, el perejil, el hinojo….
• Frutos secos: las avellanas y nueces diversas: un 9,5%, los cacahuetes: un 4,5% de los casos.
Este grupo de cinco alimentos es responsable del 50 % de las alergias alimentarias de los adultos.

No hay ninguna evidencia científica al respecto, pero las causas que se barajan en caso de ser así, son:
• La disminución de la lactancia materna desde hace más de veinte años. Esta, contiene sustancias que refuerzan las defensas de la pared intestinal y no contienen proteínas extrañas que favorecen reacciones de naturaleza alérgica como la leche de vaca.
Se especula que un beneficio máximo de la lactancia materna debería durar entre cuatro y seis años. Un niño alimentado con la leche materna durante sólo un mes, tendrá una frecuencia de episodios de asma de entre siete y diez años, inferior a la de un niño que no se alimento de leche materna.
• La precocidad en el número de alimentos que toma un niño es otro factor. Un niño que consuma más de cuatro alimentos diferentes antes de los cuatro meses de vida puede tener tres veces más riesgo de desarrollar un eczema.
• Los cambios e importaciones de nuevos alimentos, pueden hacer que haya más alergenos. Por ejemplo el kiwi, el sésamo, llegaron a Europa sólo desde hace unas décadas. Antes eran desconocidos.
• La forma de cocinar, que ahora no usa tantos alimentos básicos, pasándose a una cocina con alimentos preparados o transformados.
• A menudo recurrimos a compras procedentes de la industria. Estas últimas incorporan cada vez más proteínas de clara de huevo, de polvo de leche, de harinas diversas, lo que da mayores posibilidades de encontrarnos con agentes alérgenos ocultos en los ingredientes por ejemplo, de salsas, de productos de charcutería, de los platos cocinados, etc.
• Ser alérgico a la leche puede ser algo leve, pero hay que tener muy en cuenta que existen alimentos que poseen leche, algunos de los cuales se identifican fácilmente, como la pizza, pero otros no son tan evidentes, como aquellos alimentos horneados.
• Cualquier persona con alergia a la leche puede tener problemas al tomar alguno de estos alimentos, que por otro lado deben consumirse ya que a ciertas edades se necesita en su organismo, calcio, vitamina D (componentes aportados por la leche) entre otros, y por ello es bueno saber qué hacer en estos casos.
• Las personas que poseen alergia a la leche de vaca reaccionan a una o más de las proteínas de la misma. Y según la parte de la leche:
la cuajada contiene un 80% de las proteínas lácteas
el suero (parte acuosa de la leche) contiene el 20% restante
Un individuo puede ser alérgico a una o a ambas sustancias pero por lo general el suero es el responsable de la mayoría de los problemas.
Cuando una persona afectada por este mal ingiere leche o un alimento que contiene productos lácteos, el sistema inmune del cuerpo percibe de forma errónea las proteínas de la leche como “invasores” y trata de combatirlos, esto hace que se provoque una reacción alérgica que implica la liberación de sustancias químicas llamadas histaminas, que provienen de algunas de las células del cuerpo y también de la producción de inmunoglobulina E, que es un anticuerpo que combate las proteínas. Todo esto puede hacer que la persona se sienta enferma.
Una alergia a la leche comienza cuando un recién nacido recibe leche de fórmula y presenta una reacción adversa. Un 7% de los bebés y niños presentan este problema, aunque la mayoría de ellos supera la alergia durante los primeros 6 años de vida.


Los síntomas de alergia a la leche se presentan:
• en cuestión de minutos (alergia de aparición rápida) o
• varias horas después de ingerir lácteos,
• estos síntomas pueden incluir:
goteo nasal,
urticaria (ronchas que causan picazón),
inflamación facial,
problemas respiratorios,
irritabilidad,
vómitos,
diarrea y
erupción descamativa con picazón.
Muchas veces las personas confunden la alergia a la leche con la intolerancia a la lactosa porque ambas afecciones poseen síntomas similares, pero debemos afirmar que estas dos enfermedades no tienen relación alguna.
La diferencia reside en que la alergia a la leche es un problema del sistema inmune, mientras que la alergia a la lactosa afecta al aparato digestivo. Cuando alguien sufre de esta última significa que su aparato digestivo produce una insuficiente cantidad de enzima para descomponer el azúcar en la leche, este último termina por fermentarse en el intestino delgado y esto provoca náuseas, calambres, hinchazón de abdomen, gases y diarrea.

La alergia que se produce en forma rápida puede ser diagnosticada mediante un análisis de sangre o una prueba cutánea que detecta los anticuerpos IgE que combaten las proteínas lácteas. La prueba cutánea se basa en la colocación de pequeñas cantidades de proteínas lácteas en el antebrazo, luego raspar la piel y observar si se presentan ronchas rojas que indiquen la reacción alérgica.
Para las personas que poseen alergia a la leche pero con aparición retardada, no tendrán que hacerse ese tipo de análisis ya que no serán tan útiles, en estos casos los médicos tratan de hacer un diagnóstico basándose en una dieta en donde se eliminan ciertos alimentos, se pide que no se coma ni se beba nada elaborado con leche durante un período de tiempo.
Para evitar esta alergia es necesario que la persona afectada evite consumir cualquier alimento que contenga leche o productos lácteos, los bebés con esta alergia pueden ser cambiados a una formula elaborada con soja o hipoalergénica. Para aquellos individuos alérgicos recomendamos leer muy bien las etiquetas de los alimentos para no comer nada que pueda ser perjudicial al organismo, muchas personas alérgicas a la leche pueden tener reacciones graves incluso ante el más mínimo contacto con las proteínas que la leche posee, la anafilaxia es una de ellas: provoca el descenso de la presión arterial, estrechamiento de las vías respiratorias y la hinchazón de la lengua dificultando la respiración y en algunos casos ocasionando la muerte.
Como un buen tratamiento, podemos recomendar que en la dieta que se realice, los alimentos a consumir no contengan:
caseinato de amonio,
sabor artificial a mantequilla,
grasa de mantequilla,
sólidos de mantequilla,
aceite de mantequilla,
suero de mantequilla,
colorante de caramelo,
esencia de caramelo,
queso, requesón, crema, flan, leche evaporada, leche de cabra,
harina con elevado contenido proteínico, entre otras cosas.
Si se eliminan estas sustancias se puede vivir tranquilamente con esta alergia, pero el médico recomendará en el lapso de unos años, tratar de incorporar la leche en la alimentación habitual. Ello se hace de poco en poco tratando de que el organismo se vaya sensibilizando y permitiendo que se adapte a un alimento tan fundamental como es la leche y sus derivados.

La intolerancia alimentaria puede tener síntomas similares a los de una alergia (entre ellos náuseas, diarrea y dolor abdominal), sin embargo el sistema inmunológico no interviene en las reacciones que se producen de la misma manera.
La intolerancia alimentaria se da cuando el cuerpo no puede digerir correctamente un alimento o uno de sus componentes. Mientras que las personas que tienen realmente alergias alimentarias necesitan generalmente eliminar el alimento causante de su dieta, las personas que sufren una intolerancia pueden consumir pequeñas cantidades del alimento o del componente alimenticio, sin que se den síntomas, excepto en el caso de personas que sean sensibles al gluten o al sulfito.

Las dos causas más comunes de las intolerancias alimentarias son la lactosa y el gluten.
Solo nos ocuparemos de la primera.

La lactosa es el azúcar que se encuentra en la leche. Normalmente, la enzima lactasa, que está presente en el intestino delgado, descompone la lactosa en azúcares más simples (glucosa y galactosa), para que puedan ser absorbidos por el torrente sanguíneo. Cuando la actividad de la enzima es demasiado baja, la lactosa no se puede digerir, y pasa al intestino grueso, donde es fermentada por las bacterias de la flora intestinal. Esto puede provocar síntomas como flatulencia, dolor y diarrea.
Aunque la mayoría de la gente produce suficiente lactasa a lo largo de su vida, la deficiencia de esta es un fenómeno común en algunas razas de color y algunas personas de Oriente Medio, India y zonas de África, así como en sus descendientes. En realidad, aproximadamente un 70 por ciento de la población adulta del mundo no produce suficiente lactasa, y consecuentemente tiene algún grado de intolerancia a la lactosa.
En Europa, la deficiencia de lactasa se da en cerca de un cinco por ciento de la población blanca, y en una proporción mucho mayor (entre el 50 y el 80 por ciento) en grupos étnicos.
La cantidad de leche y productos lácteos que puede producir síntomas de intolerancia varía mucho. Algunas personas que tienen una baja actividad intestinal de lactasa pueden tomarse un vaso de leche sin experimentar ninguna molestia.
Igualmente, los quesos duros, debido a su contenido bajo en lactosa, y los productos de leche fermentada, como el yogur, normalmente son bien tolerados.
Esto podría explicar por qué el consumo de productos lácteos cultivados y los yogures está tan extendido en zonas del mundo donde es común la deficiencia de lactasa.
Además, se puede mejorar la tolerancia en personas sensibles, si se consumen alimentos que contienen lactosa como parte de las comidas, y se reduce la cantidad de alimentos ricos en lactosa que se ingieren de una sola vez.
Recientes estudios tendentes a minimizar los efectos de la falta de lactasa, recomiendan reintroducir alimentos con lactosa en la alimentación de los que tienen intolerancia, aumentando las dosis, hasta llegar en un tiempo de seis meses-un año, a la practica desaparición del problema.
