Enciclopedia y Guía Familiar de Alimentación, Nutrición y Dietética

Nutrición y Vida

Conceptos

La gran pandemia que amenaza al mundo occidental en este siglo XXI es sin duda la obesidad. En general se hace mucho hincapié en la alimentación y poco en la realidad de que hacemos muy poco ejercicio, quemamos pocas calorías.

En los años 1960 a 1980, se comía más, pero se caminaba también más. Ahora entre sentarse a ver la Televisión, trabajar sentado y/o sentarse al ordenador y desplazarse en vehículo o medio público de transporte, es la
forma de vida que tenemos y que por suerte o por desgracia no vamos a cambiar Nuestros esfuerzos nos ha costado el conseguir ésa mejor calidad de vida.

Antes, para ir a cualquier sitio, había que caminar y bastante. Ahora vamos siempre en vehículo. Y las nuevas tecnologías de comunicación contribuirán si cabe a que haya más sedentarismo, ya que la intercomunicación no requiere como antes de presencia física.

Al parecer, gran parte de personas sedentarias pasan más tiempo que otras reclinadas en sus sillas o sillones. Y esa diferencia podría ser clave para determinar quién va a aumentar de peso y quién va a mantenerse en su peso ideal.
Los investigadores de la Clínica Mayo en Minnesota, Estados Unidos, creen que no son los viajes al gimnasio, sino el ritmo de las actividades diarias lo que constituye el factor determinante para fijar el peso de cada persona, según un pequeño estudio realizado en ciudadanos/as que se describieron a sí mismas como sedentaria/os.
Hallaron que las personas obesas estudiadas se sentaban durante unos 150 minutos diarios más que las personas delgadas que participaron en el estudio. Ello implicaba que las primeras quemaban unas 350 calorías menos que las segundas.
Los investigadores tuvieron en cuenta el papel que desempeñan actividades rutinarias como caminar, hablar, sentarse y pararse.

Si los sujetos con exceso de peso pudiesen adoptar la conducta de sus homólogos delgados, ello implicaría una pérdida de unos 15 kilos al año, según el estudio. Y no sería necesario siquiera ir al gimnasio para conseguir esa rebaja de peso.
Si pudiéramos volver a los niveles de actividad de hace 50 años, tendríamos el potencial de dar marcha atrás en cuanto a la obesidad.

El déficit de actividad de los participantes sedentarios no reflejaba necesariamente una alta motivación. En lugar de ello, podría ser indicio de una diferencia en la composición química del cerebro, porque incluso cuando los obesos perdieron peso, continuaban llevando una vida sedentaria. Y cuando los delgados aumentaron de peso, no por ello adoptaron costumbres sedentarias.

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