Enciclopedia y Guía Familiar de Alimentación, Nutrición y Dietética

Nutrición y Vida

La lactancia

Científicamente nadie pone en duda que la mejor leche para los primeros meses de vida es la leche materna. Es el mejor alimento que una madre puede ofrecer a su hijo recién nacido, no solo por su composición sino también por el vínculo afectivo que se establece entre la madre y su bebé durante el acto de amamantar.

Desde el punto de vista nutricional, la leche materna protege al bebé frente a muchas enfermedades tales como catarros, neumonía, diarreas, otitis, infecciones de orina, e incluso otras futuras como asma, alergias, obesidad, etc.

Y favorece también a la madre porque las mujeres que amamantan pierden el peso ganado durante el embarazo más rápidamente, y además no padecerán de anemia o de hipertensión y depresión posparto. Aún más, la leche materna es un alimento ecológico ya que no se fabrica externamente, no se envasa ni se transporta, evitando así el gasto de energía y la contaminación del medio ambiente. Y además  es un gran ahorro porque no cuesta.

Hay sin embargo detractores de ello, fundamentalmente la propia mujer, bien porque teme que la lactancia estropee sus mamas, que al tener que trabajar no puede darle de mamar como y cuanto debiera o porque teman de antemano que no puedan dar suficiente leche a su recién nacido y que por ello este puede sufrir.
Al respecto hay que decir que unos pechos exuberantes no son sinónimos de que puedan ser buenos para amamantar. Porque lo que hace voluminoso al pecho es tejido graso que nada tiene que ver con las posibilidades de lactar.

Existen los elementos primarios de una glándula mamaria que son los alvéolos (estructuras tubulares huecas de unos cuantos milímetros de longitud) recubiertos por células epiteliales y rodeados por células mioepiteliales. Estos alvéolos se reúnen formando grupos llamados lóbulos y cada uno de estos lóbulos posee un ducto lactífero que drena en los orificios del pezón. En las células mioepiteliales, que pueden contraerse de forma similar a las musculares, la leche es impelida desde los alvéolos, a través de los ductos lactíferos hacia el pezón, donde se almacena en engrosamientos (senos) de los ductos. A medida que la cría comienza a succionar se inicia el "reflejo hormonal de relajación" y la leche se segrega -no se aspira desde la glándula- a la boca del bebé.

En algunas ocasiones, puede ser útil que la madre aprenda a extraerse la leche, bien para guardarla y que alguien alimente al bebé cuando la madre no pueda hacerlo, o bien para aliviar las molestias producidas por un acumulo de leche excesiva en períodos en los que el apetito del bebé disminuye, evitando así que se produzca una mastitis. La extracción de la leche puede hacerse de forma manual o mediante un sacaleches (consulte a su pediatra, matrona, enfermera de pediatría o experta en lactancia. La leche materna puede conservarse en frigorífico 2 días y congelada entre 3-6 meses en función de la temperatura.

Desde todas las instancias científicas, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Academia Americana de Pediatría (AAP) o el Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría, se recomienda la alimentación exclusiva al pecho durante los primeros 6 meses de la vida del niño y continuar el amamantamiento junto con las comidas complementarias adecuadas hasta los 2 años de edad o más."

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