La llamada Tercera Edad, se fijó a mediados del siglo XX, en los 65 años, fecha en la que la mayoría de la gente alcanzaba su jubilación. Sin embargo ya a finales de dicho siglo, el concepto de Tercera Edad, no era tanto por la edad sino más bien por la cronicidad de muchas afecciones, que aparecen en la madurez y que no nos abandonan hasta nuestra muerte.
Esta evolución, consagra un nuevo paradigma en la medicina como son las Enfermedades Crónicas. En general a los médicos se les prepara durante su carrera para ejercer una medicina de enfermedades agudas, temporales, que tiene un inicio, presentan unos síntomas, se requiere un diagnóstico y se aplica un tratamiento. El paciente, se curaba en la mayor parte de los casos y el resto fallecía. Rara vez su enfermedad se cronificaba.
Hoy en día los avances médicos permiten que muchas enfermedades agudas que no curaban anteriormente, ahora se mantengan “controladas” mediante medicación. Sólo desde el principio de 1960, había una enfermedad crónica, la Diabetes, que tenía éste perfil. Hoy en la segunda década del siglo XXI, más y más enfermedades presentan una cronicidad que permite al ciudadano sobrevivir con una mediana/buena calidad de vida. Este hecho es el que ha permitido (junto a la mejor higiene, alimentación y calidad de vida) que la esperanza de vida pasara de los 70 años, en 1980 a los 85-90 en el 2010.