El abuso de las grasas suele tener como resultado la obesidad y una subida de los niveles de colesterol que afecta de forma muy negativa al organismo. Por ello es importante no utilizar mantequilla ni margarina para cocinar, sustituyéndolas siempre por aceite de oliva. Además, se tratará de reducir en la medida de lo posible los fritos, en favor de la cocción o el horneado.
Asimismo, en la mayoría de los casos, aunque no es necesario eliminarla por completo, es posible sustituir la carne roja, como la ternera, por la blanca, por ejemplo, el pollo o el pavo. Los embutidos también se limitarán al máximo, así como la casquería y la bollería industrial.
Los problemas de corazón son una amenaza en la tercera edad y la hipertensión es una de las alarmas que se disparan. Para prevenirla es importante reducir la sal en las comidas; esto no es sinónimo de tomarlas insípidas, sino que disponemos de una alternativa: añadir especias. El tomillo, el romero o el laurel darán sabor a nuestros platos.
Por supuesto, se tomarán en consideración las restricciones de ciertos alimentos a las que están sometidos los diabéticos. Reducirán aún más el contenido graso de los alimentos, así como el azúcar, que será sustituido por la sacarina.