La obesidad

Obesidad

La obesidad es una enfermedad producto del exceso de grasa corporal. Existen diversas tablas y mediciones para conocer si uno es obeso o no.

Definición y concepto de obesidad

La más antigua definición de obesidad estaba basada en los de estudios de riesgo de las aseguradoras de vida, que considera obesa cualquier persona cuyo peso exceda en 20 por ciento el peso normal para su edad, sexo, constitución y estatura.

De acuerdo con la Clínica Mayo de Rochester, Minessota, en Estados Unidos, una persona tiene un peso saludable cuando se encuentra dentro del rango de peso razonable para su condición de edad y altura, cuando el patrón de distribución de la grasa corporal no le pone en riesgo de sufrir algunos problemas de salud y enfermedades y cuando la persona en cuestión no sufre dolencias que le impongan una bajada de peso.

Esta definición resulta mucho más acertada a la hora de delimitar lo que es “sobrepeso” de lo que es realmente “obesidad”.

La Asociación Americana del Corazón, ha lanzado hace unos años una forma rápida que avisa del riesgo cardíaco por exceso de grasa, midiendo simplemente el perímetro abdominal.

En Europa la medición máxima es de 82 para las mujeres y 102 para los hombres y en Estados Unidos de 88 y 108, respectivamente.

Hoy en día el concepto que más se maneja por encima del peso es el referido al porcentaje de la grasa corporal.

En las mujeres con morfologías saludables, la grasa corporal puede alcanzar un cuarto del peso; en los varones se estima en unos 17 %, el porcentaje enfocado a la salud.

El cuerpo de la mujer esta diseñado para contener una proporción más alta de tejido graso a fin de garantizar un adecuado suministro de combustible para el embarazo y la lactancia, incluso en épocas de escasez de alimentos.

La obesidad se ha generalizado en la vida moderna

El organismo humano tiene de promedio entre treinta y cuarenta billones de células de grasa. La mayoría de las calorías adicionales que consumimos y que nuestro organismo no necesita utilizar como fuente inmediata de energía se almacenan como grasa.

Si viviéramos una vida menos sedentaria y sujeta a las privaciones y penalidades, como en nuestro pasado como cazadores recolectores, las reservas de  grasa nos servirían como reservas fundamentales para afrontar los malos momentos.

De hecho, algunos investigadores piensan que nuestra afición innata por los alimentos ricos en calorías (especialmente por los alimentos grasos) puede ser vestigio de una táctica de supervivencia de épocas remotas, cuando necesitábamos almacenar alimento como fuente de energía.

Sin embargo, en los tiempos modernos la mayoría de los seres humanos ya no necesitan almacenar energía en forma de grasa.

Al acumularse, la grasa llena hasta el tope el espacio que ocupan los órganos internos.

Cuando hablamos de obesidad, incluso si lo hacemos de situaciones de sobrepeso moderado, éste provoca un sobresfuerzo órganos internos, piernas, espalda, lo que acabará produciendo muchos trastornos físicos, desembocando en diferentes problemas de salud.

Más peligrosamente, la obesidad aumenta la resistencia del organismo a la insulina y la susceptibilidad a las infecciones, e incrementa el riesgo de desarrollar hipertensión, diabetes, enfermedad de las arterias coronarias, enfermedades de la vesícula biliar y de los riñones, derrame cerebral y otros males que pueden derivar en muerte prematura.

Los problemas hepático y durante el embarazo son más habituales en personas con sobrepeso.

El sufrimiento de los obesos va más allá de las puras dolencias físicas y se introduce de lleno en el ámbito psicológico, mermando la autoestima, sobre todo en esta sociedad de la imagen donde los conceptos de belleza y éxito van asociados a la delgadez y el buen estado de forma.

Causas más frecuentes de la obesidad

Falta de ejercicio

Dieta y/o hábitos alimentarios inadecuados

Trastornos glandulares

Diabetes

Hipoglicemia

Aburrimiento

Tensión emocional

Gusto por la comida.

También se ha asociado con intolerancia y/o alergias alimentarias,

Los alimentos que representan un veneno para nuestro organismo, porque este no los puede utilizar, se almacenan en los tejidos y producen retención de líquidos.

Curiosamente, una mala nutrición influye en la obesidad. Cuando la ingesta de determinados nutrientes es insuficiente, la grasa no se quema fácil ni correctamente, lo cual se traduce en acumulación de grasa en el organismo.

Por lo menos la tercera parte de personas en el mundo occidental tienen un sobrepeso del 20 por ciento, o más. La razón más importante y definitiva para estos alarmantes datos es que YA NO SE HACE EL MISMO EJERCICIO DIARIO, que antes de los años 1960.

El automóvil, el medio de transporte, la televisión, el ordenador y el que cada vez hay menos “calles” hacen que no consumamos calorías por un lado. Y por otro, la comida rápida, el picoteo de alimentos poco saludables y la cantidad de publicidad que existe sobre alimentos para conseguir la atención del público hacen que haya un mayor consumo.

El abandono de la cocina por parte de la mujer al incorporarse al mundo del trabajo, ha tenido como consecuencia que la alimentación casera programada y adapatada a las necesidades (y presupuestos) familiares se haya convertido en un “caos” en el que todo el mundo, desde los niños a los ancianos comen lo que les apetece no lo que les interesa para su salud.

Formas de combatir el sobrepeso

Hay tres maneras que ayudan de alguna forma a combatir el sobrepeso, fuera de comer menos y hacer más ejercicio, esto es con suplementos nutricionales:

  1. La primera es utilizar hierbas y nutrientes diuréticos para disminuir la retención de fluidos.
  2. La segunda es utilizar vitaminas, alimentos o sustancias lipotrópicas, las cuales tienen la capacidad de reducir el colesterol y la grasa.
  3. La tercera es utilizar supresores naturales del apetito.

Pero no nos engañemos, para bajar de peso de manera permanente se requiere hacer cambios saludables en el estilo de vida y comprometerse a mantenerlos para siempre, algo que depende exclusivamente de nosotros.

Recomendaciones

No te preocupes tanto por el número de calorías que consumes; preocúpate, más bien, por consumir los alimentos adecuados y gastar sus calorías.

Consume una buena variedad de alimentos y efectúa rotaciones. Haz comidas que incluyan un buen balance de proteínas, carbohidratos complejos y un poco de grasa.

Las proteínas incrementan hasta un treinta por ciento la tasa metabólica equilibrando la producción de insulina y acelerando la de glucagon. Este, activado por las proteínas, moviliza las grasas desde los tejidos donde se acumula, lo que beneficia a la hora de perder peso.

Las comidas equilibradas, estabilizan los niveles de azúcar en sangre  y provocan que el organismo sea más eficiente a la hora de quemar grasa. Lo que siempre te va ayudar a luchar contra el sobrepeso a largo plazo.

Consume una mayor cantidad de carbohidratos complejos que también contengan proteína, como tofu, lentejas, patata asada (sin relleno, excepto verduras), semillas de sésamo, judías, arroz integral, granos enteros, pechuga de pavo o de pollo sin piel, y pescado blanco (no consumas mariscos). Las aves y el pescado se deben asar al horno o a la parrilla y nunca se deben freír.

Frutas frescas y vegetales crudos en abundancia. Consume verduras bajas en calorías, como brócoli, zanahoria, coliflor, apio, pepino, judía verde, lechuga, cebolla, rábano, espinaca y nabo. Entre las frutas bajas en calorías y en carbohidratos están manzana, melón, toronja, fresas y sandía. Los siguientes alimentos son ricos en calorías y se deben consumir con moderación: plátano, cereza, maíz, higos, uvas, guisantes, pera, piña, arroz blanco y batata.

Siempre que te lo puedas permitir, come los alimentos crudos . Si deseas cocinarlos, ásalos al horno o a la parrilla, hiérvelos o prepáralos al vapor. Nunca consumas alimentos fritos ni grasos.

Toma todos los días entre seis y ocho vasos de líquido. Es bueno tomar tés de hierbas y agua embotellada con microminerales

Los líquidos producen sensación de llenado pero no engordan, y ayudan a diluir las toxinas y a eliminarlas del organismo. Los tés de hierbas mezclados con zumos de fruta sin endulzar contienen pocas calorías, llenan y hacen que uno quede satisfecho. Tómalos entre comidas y cuando sientas la necesidad de consumir algo dulce. Reemplaza las sodas por agua con gas mezclada con jugo de fruta.

Préstale especial atención al contenido de grasa de su dieta. Un poco de grasa es necesaria, pero debe ser la correcta. Fuentes de grasas saludables, están formadas por ácidos grasos esenciales. Aceitunas, aguacates, nueces, aceite de oliva y semillas crudas. Consume con moderación estos nutrientes, un par de veces a la semana.

Elimina totalmente de tu dieta las grasas saturadas. No consumas nunca grasa de origen animal, la cual se encuentra en la mantequilla, la crema, las salsas, el helado, la mayonesa, la carne, los aderezos cremosos y la lecha entera. No consumas ningún alimento frito.

Consuma con moderación los siguientes alimentos: manzana, arroz integral, maíz, uvas, y verduras. Estos alimentos contienen pequeñas cantidades de ácidos grasos esenciales, pero no se deben consumir en exceso.

Si ocasionalmente tienes que consumir algún aperitivo para distraer el hambre, asegúrate de que sea sano.

Algunas buenas alternativas son:

• Palitos de apio y zanahoria.
• Gelatina sin sabor preparada con zumo de fruta en vez de azúcar y agua.
• Muesli sin azúcar.
• Palomitas de maíz sin sal.
• Panecillos de arroz con mantequilla de nuez (excepto mantequilla de cacahuete).
• Sandía y fruta fresca.
• Yogur desnatado sin endulzar con nueces y fruta fresca.

No consumas sal, arroz blanco, productos que contengan harina blanca ni alimentos procesados. Evita los restaurantes de comida rápida.

No consumas productos dulces como pasteles, tartas, donuts o golosinas. Suprima de su dieta todas las formas de azúcar refinado (incluidos el azúcar blanco, el azúcar moreno y el edulcorante de maíz). El azúcar promueve la liberación de insulina, lo que activa las enzimas que facilitan el paso de la grasa del torrente sanguíneo al interior de las células de grasa.

Ayuna una vez al mes.

Para aumentar rápidamente la energía, tóma una tableta de espirulina.

No consumas alcohol en ninguna forma, incluidos cerveza y vino. El alcohol no solo agrega calorías, sino que impide que la grasa almacenada se queme. Como el alcohol también afecta a la voluntad, es posible que al consumirlo decidas comer cosas que usualmente no comería.

En lugar de azúcar, utiliza edulcorantes artificiales.

Consume fibra adicional todos los días. Buenas fuentes de fibra son la goma guar y psyllium. Tóma la fibra con un buen vaso de líquido media hora antes de las comidas.

Nota: La fibra en suplemento no se debe tomar junto con otros suplementos o medicamentos.

Evacua el vientre todos los días. Para estabilizar el peso es importante mantener limpio el colon.

Haz ejercicio diariamente. Para quemar grasa, camina a buen paso todos los días antes del desayuno o de la cena. Acostúmbrate a utilizar las escaleras en vez del ascensor. En lo posible, evita el automóvil y camina o monta en bicicleta. El ejercicio aumenta la tasa metabólica y quema calorías.

Haz con regularidad ejercicio aeróbico, como caminar, correr, montar en bicicleta o nadar, y haga ejercicios para aumentar la fortaleza y la flexibilidad, como yoga o ejercicios de estiramiento. Para conservar la buena salud y controlar el peso, es mejor hacer ejercicio que una dieta excesivamente estricta. El ejercicio es la mejor manera de librar al organismo de la grasa y de mantener un buen tono muscular. Toma agua durante el ejercicio para prevenir la deshidratación y los calambres musculares.

Advertencia: Si eres mayor de treinta y cinco años y/o has llevado una vida sedentaria, consulta con su médico antes de empezar cualquier programa de ejercicios.
Si durante algún tiempo has llevado una vida sedentaria, haz ejercicio dentro del agua. Hacer ejercicios aeróbicos en el agua es excelente para las personas con sobrepeso y para aquellas a las cuales tienen dificultades para correr o caminar. Esto también es provechoso para las personas que sufren de artritis. Los aeróbicos acuáticos tonifican el organismo y fortalecen el corazón sin forzar las articulaciones.

Modifica sus hábitos de alimentación. Esto es sumamente importante no solo para bajar de peso, sino para mantenerse en un peso adecuado.

Házlo así:

• Desayúnz siempre. El desayuno hace que el metabolismo empiece a funcionar al principio del día. Durante el día, haz cada tres a cuatro horas una comida pequeña pero muy nutritiva para mantener estable el metabolismo, sentirse satisfecho y evitar las oscilaciones fuertes del nivel del azúcar sanguíneo.

Buenas opciones son una porción de 2 onzas de algún alimento proteínico (por ejemplo, frijoles, un huevo, ave de corral) con media taza de ensalada fresca aderezada con Vinagre, o media taza de verduras al vapor con una rebanada de alguna clase de pan integral.

• No omitas ninguna comida. Esto solo intensifica el hambre y la necesidad urgente de comer.

• Tu comida principal debe ser el almuerzo, no la cena. Algunas personas obtienen resultados excelentes absteniéndose de consumir alimentos después de las tres de la tarde.

• Cuando vayas a comer, sírvete porciones más pequeñas. Mastica despacio. Termina de comer tan pronto como dejes de sentir hambre. No esperes a sentirte lleno para dejar de comer.

• Consume una pequeña cantidad (cien calorías, más o menos) de carbohidratos complejos antes de hacer una comida rica en proteína. Esta es una buena medida para suministrarle triptófano al cerebro, lo que disminuye los antojos de comida.

Si sientes el impulso de comer, colócate un cinturón apretado. Esto te hará sentir incómodo y te recordará que quieres perder esa grasa que te sobra.

Aprende a aguantar el deseo intenso de comer. Ten en cuenta que la mayoría de los antojos intensos de comer solo duran unos cuantos minutos. Trata de hacer algo para distraerte. Recuerda que la adicción a los alimentos es igual a cualquier otra adicción. El primer bocado desencadena el deseo de comer más.

Hazte exámenes para detectar posibles alergias a los alimentos. A mucha gente se le ha estabilizado rápidamente el peso tras eliminar de su dieta los alimentos alergénicos.

No mastiques chicle. Masticar chicle activa los jugos digestivos, lo que produce sensación de hambre.

No vayas al supermercado cuando tengas hambre, pues te sentirás tentado a comprar alimentos prohibidos y más productos de los que necesitas o de los que puedes utilizar antes de que pierdan su frescura.

Evita las dietas demasiado estrictas. Una dieta muy baja en calorías hace que el metabolismo se vuelva lento y, por tanto, que se quemen menos calorías. Lo que debes hacer es aumentar tu nivel de actividad. La actividad eleva la tasa metabólica, quema grasa y ayuda a prevenir la pérdida de músculo magro.

Para que la pérdida de peso sea duradera, calcula cuantas calorías necesita diariamente multiplicando su peso por diez. Luego súmele a ese resultado 30 por ciento (aproximadamente una tercera parte).

Mantenerse moderadamente activo y consumir menos de ese número de calorías hará que pierdas peso. Ese es el número de calorías que puedes consumir diariamente sin recuperar el peso que has perdido