Síndrome del cuidador quemado: qué es, fases, síntomas y tratamiento

Síndrome del cuidador quemado

El síndrome del cuidador quemado, en inglés caregiver burnout, en español también llamado síndrome del cuidador cansado, del cuidador de enfermos, de carga del cuidador o de sobrecarga del cuidador es una manifestación de una afección mucho más amplia el síndrome burnout pero contextualizado en el cuidado de enfermos, personas dependientes o ancianos que están a cargo de dicho cuidador.

El síndrome del cuidador quemado es una realidad compleja que causa mucho sufrimiento e insatisfacciones en el cuidador, mermando su capacidad de ofrecer un cuidado eficiente al usuario de su ayuda y, lo que es mucho peor, reduciendo su propia capacidad de ser feliz y llevar una vida plena en el día a día en el que prodiga el cuidado, incluso mucho después de terminar con su labor.

Para escribir este post hemos colaborado con Magdalena Ortiz la regente en Cuidadelia que conocen de primera mano todo lo relacionado con el síndrome gracias a su labor asistencial en general y, en especial, a su servicio de cuidado de personas mayores a domicilio en Madrid.

Ahora te explicamos todo lo que necesitas saber para ofrecer el mejor cuidado a la persona dependiente que está en tus manos.

¿Qué es el síndrome del cuidador quemado?

El síndrome del cuidador quemado se manifiesta en cuidadores de personas que debido a las exigentes tareas que tienen que hacer frente, a lo sostenido e intenso de las mismas, a la implicación afectiva y moral de su esfuerzo (máxime si se convive con el dependiente y si se es familiar directo de él), a la sensación de soledad del mismo, al inevitable estrés y frustración a la que se ven expuestos por la sobrecarga física y emocional…

Todo ello genera en el cuidador un estado de cansancio y abatimiento profundos, una fuerte sensación de miedo y sentimientos de culpa, que no solo desembocan en un estado de fatiga crónica sino que provocan cuadros de estrés, ansiedad y depresión que afectan sobremanera al ánimo del cuidador generando en ellos una actitud negativa de hostilidad, rencor, despreocupación, negligencia, etc. que pueden desembocar en un rechazo visceral no solo a su cometido, sino, lo que es peor aún, al dependiente con lo que entra en un peligroso círculo vicioso que hace prácticamente imposible el cuidado.

El síndrome del cuidador quemado, en definitiva, es un proceso donde la exigente tarea que enfrenta produce una reducción en la calidad de su esfuerzo y de su propia resiliencia, o lo que es lo mismo, su capacidad de superar hechos traumáticos buscando la manera de reponerse a ellos de una forma racional y positiva.

Fases del síndrome del cuidador

La adaptación del cuidador a su labor de ayudar y cuidar a una persona enferma, dependiente y/o anciana se desarrolla en un proceso con distintas fases definidas y que puede ocasionar que el síndrome sea más o menos grave o que sea completamente manejable.

Podéis entender mejor estas fases si leéis el excelente documento: Guía de cuidados de Enfermería: Cuidar al Cuidador en Atención Primaria (al final del post en las fuentes) donde se explican en profundidad las distintas fases y todo lo relacionado con el síndrome del cuidador quemado.

1ª Fase: negación o ausencia de conciencia

El cuidador se distancia inicialmente del suceso negativo que afecta a la persona que necesita ser cuidada. Todavía no es capaz de asimilar todo lo que implica. Cualquier persona necesita tiempo a la hora de entender el alcance de la enfermedad o problemas de salud de la persona a cuidar para entender lo que van a suponer en su vida y en la de la persona que debe cuidar. Si esa negación se dilata más de lo razonable, se vuelve perniciosa y desestabilizadora.

2ª Fase: necesidad de información y surgimiento de sentimientos negativos

Tras la aceptación, el cuidador aterriza en la realidad que debe enfrentar de una forma consciente. Una vez que ocurre esto, es habitual que esta persona experimente una serie de sentimientos negativos como frustración, enojo, estrés, ansiedad, y un fuerte sentimiento de injusticia, de estar viviendo una situación inmerecida. Todo ello supone un lastre para una vinculación racional y efectiva con su nuevo cometido. El cuidador necesita información fehaciente de todos los retos que debe enfrentar, necesita adquirir nuevos conocimientos técnicos y prácticos para desenvolverse mejor, precisa establecer la red de apoyo con la que puede contar, se hace fundamental que conozca la problemática y sus fases de desarrollo para planificar el presente y el futuro y así poder aceptarlas sin generar expectativas irreales y evitar los efectos adversos de la incertidumbre.

3ª Fase: reorganización

En esta fase el cuidador se va adaptando a su tarea y va acomodando su vida en función de las necesidades del usuario de su ayuda. Esto ofrece una sensación muy constructiva de poseer el control de la situación. A pesar de ello, pueden persistir sentimientos negativos surgidos en las fases anteriores y el cuidador puede estar empezando a notar un cansancio acumulativo por lo prolongado de la situación.

4ª Fase: resolución

Al llegar a esta fase, el cuidador ha establecido un control y un conocimiento de la situación muy profundos. El problema es que las exigencias de la enfermedad o de otros circunstancias que debe atender que se derivan de las necesidades del demandante de cuidado, se agraven considerablemente entrando en una época de gran exigencia. Que en casos de enfermedades terminales, desembocan en la muerte. El cuidador debe prepararse previamente para recabar energías y para ir “metabolizando” los efectos del proceso. Prepararse para la etapa de “descompresión” que se avecina.

Síntomas más habituales

Los síntomas más habituales que sufre el aquejado por el síndrome del cuidador quemado son una mezcla de síntomas similares, sino coincidentes, con cuadros propios de la ansiedad y la depresión.

De hecho, como veremos a continuación, el tratamiento de los síntomas del aquejado por el síndrome del cuidador es una mezcla de estrategias y procedimientos de los tratamientos psiquiátricos y psicológicos propios de ambos cuadros clínicos.

Síntomas emocionales

  • Agotamiento emocional
  • Sentimientos de culpa
  • Cambios radicales en el estado anímico
  • Desesperación
  • Irritabilidad
  • Rencor
  • Tristeza
  • Injusticia

Síntomas sociales

  • Progresivo aislamiento: renuncia al trato con amigos y familiares
  • Fuerte sensación de soledad
  • Reducción de las habilidades sociales
  • Merma en la motivación por el propio disfrute
  • Dificultades en el ámbito laboral

Síntomas corporales

  • Agotamiento físico
  • Facilidad para enfermar
  • Problemas en la memoria
  • Pérdida del apetito
  • Reducción y/o aumento de peso
  • Dolores físicos
  • Incapacidad para concentrarse
  • Insomnio o sueño poco reparador
  • Aumento de las conductas de riesgo
  • Conductas compulsivas
  • Consumo inmoderado de alcohol, drogas, tabaco y otro tipo de sustancias
  • Descuido en el aspecto físico y la higiene

Cómo superar el síndrome del cuidador: tratamiento

Como decíamos con anterioridad, el complejo ansiedad-depresión se maneja con estrategias propias de la psicología y la psiquiatría que, por un lado, conllevan psicoterapia con tratamiento y entrenamiento mental y psicológico y, por otro, pueden precisar del uso de psicofármacos para sobrellevar temporalmente los síntomas más graves y difíciles de enfocar.

En este sentido, cada persona es un mundo y, no hay que olvidar, que cada cuidador se encuentra en un estado psicológico y emocional previo que puede hacer más fácil la aparición del síndrome, por ejemplo, en personas que previamente han tenido problemas de ansiedad y depresión o que se encuentren en la actualidad del cuidado luchando frente a ellos.

Vamos a ofrecerte unos consejos básicos para ayudar a superar el síndrome del cuidador quemado y, con ello, evitar sus problemáticas principales.

Hay que buscar ayuda. Es preciso encontrar personas adecuadas con las que compartir la situación ya sean familiares, amigos, religiosos, asociaciones, grupos de ayuda, etc. El aislamiento social agrava sobremanera los síntomas del burn out.

Hay que buscar asesoramiento especializado. Terapeutas, trabajadores sociales, psicólogos, etc. te van a enseñar la realidad a la que debes enfrentarte y te van a ofrecer herramientas fundamentales para que respondas de la mejor manera a los múltiples retos que debes superar.

Hay que reconocer los límites. No solo es necesario monitorizar el proceso, es fundamental una autoevacuación del estado en que te encuentras en cada momento. Los límites de tu capacidad de aguante psíquico y física. Uno no puede con todo. En cualquier empresa humana exitosa se deben adecuar los recursos a los objetivos. La sobreestimación o subestimación de ellos, nos lleva al desastre.

Establecer un esbozo de plan estratégico. Plantear en un calendario todo lo relativo al cuidado. La capacidad de anticiparse aumenta la sensación de control, la pérdida del mismo agrava la situación. La estrategia nos habla de cómo adecuamos los recursos para cumplir nuestras metas qué tácticas empleamos para lograrlas.

Búsqueda de colaboración y relevo. Lo que magnifica los síntomas del síndrome es lo continuado e intensivo de la labor, por ello es necesario establecer breaks, paréntesis, en ella para tomar aire, oxigenarse, y descansar física y mentalmente.

Búsqueda de información y conocimiento. El conocimiento es poder. Cuanto más sepas de la enfermedad, la problemática del dependiente o persona mayor, más capacidad de control y de maniobra vas a tener.

Centrarse en el deporte. El deporte constituye uno de los medios más beneficiosos y asequibles para alcanzar la salud mental y general.

Iniciarse en la meditación y en técnicas de control mental. Las estrategias de meditación y de respiración se han manifestado como una de las principales maneras de controlar los pensamientos y el sufrimiento. Descubre el mindfulness.

Salud alimentaria. La salud nutricional es una de las maneras de alcanzar la salud general. Mente sana cuerpo sano, se puede convertir en cuerpo sano mente sana.

Higiene del sueño. Una correcta higiene del sueño es uno de los mejores salvoconductos para superar los problemas de depresión y ansiedad.

Aceptación en general. Aceptar la situación es fundamental para poder eliminar o mitigar los sentimientos negativos hacia ella. Muy importante: aceptar esos sentimientos negativos. Son inevitables en situaciones de máximo estrés. Aceptarlos significa tomar conciencia de ellos, para no identificarse, vincularse a ellos. La aceptación, en realidad, es un estado de máxima conciencia.

El humor ayuda a no tomarse todo a pecho. El sentido del humor es una de las principales herramientas para no vincularnos a los sentimientos negativos, para no tomárnoslos en serio. Ayuda a relativizarlo todo. El poder de la sonrisa es una de las mejores medicinas para superar el sufrimiento.

El poder del amor y la empatía. Centrarnos en los otros, en los grandes lazos que nos unen a nuestros familiares, al resto de personas de nuestra especie, nos ayuda a no aislarnos en nuestro ego, nos ayuda a encontrar la energía necesaria para ir más allá de nuestros propios límites.

Fuentes bibliográficas

Guía de cuidados de Enfermería: Cuidar al Cuidador en Atención Primaria

El síndrome del cuidador quemado: síntomas psicológicos

Recognizing Caregiver Burnout